...La perseverancia para investigar y seguir los temas, para cuestionar a los poderosos de su provincia y para probar las denuncias confirman al periodismo como un servicio…

...El jurado destacó la consistencia del trabajo y el esfuerzo profesional para tener todos los ángulos documentados. Lo periodistas supieron superar la resistencia y desconfiar de las desmentidas del gobierno provincial sin bajar los brazos. Por el contrario, aplicaron un bypass que les permitió recopilar nuevas pruebas para corroborar la denuncia. El profesionalismo demostrado por los periodistas de LA GACETA no tiene nada que envidiarles a grandes medios nacionales e internacionales…

(Extractos del acta de fundamentación del jurado del Foro de Periodismo Argentino al otorgar el Premio Mayor al Periodismo y el Premio a Prensa Escrita de Alcance Provincial a LA GACETA, en 2017, por su investigación en torno a las irregularidades en el Instituto de la Vivienda)

La frase resuena no una, sino 100 veces: “no debo”. No debo incomodar al poder, no debo contrariar a los poderosos, no debo hacer “esa” pregunta, no debo intentar remar contra la corriente, no debo buscar los datos que por algo están ocultos. No debo. Ambas palabras resuenan en el cerebro de miles como la gota que horada la roca en esta realidad en duda, en esta era de la desinformación y de la posverdad. Todo se cuestiona y los comunicadores -a veces- nos dejamos vencer por la mayor de las mal llamadas fake news de la historia: la aseveración de que el periodismo carece de valor. Esa mentira que se difunde como el hollín en el aire desdibuja la verdad: el periodismo importa y el mal periodismo debilita la voz de los ciudadanos. Se intenta instalar que la “prensa sólo da malas noticias”, cuando de las buenas se encargan de publicitarla hasta el hartazgo los gobiernos o los poderosos, que invierten iguales cantidades de dinero en evitar que las malas salgan a la luz. Hace 100 emisiones que “Panorama Tucumano”, el primer programa de televisión abierta de LA GACETA, se propuso iluminar hechos oscuros en esa plataforma, en una más, en la que faltaba.

El escándalo de corrupción en el IPV emergió con la fuerza de la injusticia contenida que sentían ciudadanos que no tienen vivienda, funcionarios, empleados del propio organismo y hasta empresarios respecto de lo que allí sucedía. El caso de vínculos entre constructores y empleados jerárquicos del área, las irregularidades con la entrega de casas y las obras mal hechas llegaron a ser documentadas, y cinco personas, entre empresarios y funcionarios del IPV, terminaron procesados judicialmente y presos. Sí, se debe.

“Panorama Tucumano” navegó en las aguas de los pobladores del sur tucumano que lloran con la misma intensidad con la que el agua cae con cada tormenta. Señaló falencias y posibles soluciones a través de expertos y vecinos que anhelan un fin a ese problema desde hace años. Incomodó a gobernantes y funcionarios con entrevistas punzantes. Puso a debatir cara a cara a los candidatos que muchas veces intentan ocultar sus rostros ante los votantes, pero que sintieron la responsabilidad (o la “obligación”) de mostrarse casi tal cual son en los debates de LA GACETA. Dejó en evidencia las promesas incumplidas de obras del Plan Belgrano, pasando por la Provincia y el municipio de la capital. Encendió en los hogares discusiones sobre el acoso callejero, el hambre, la basura, la vasectomía y hasta los OVNIs. Temas cotidianos, muchos de ellos duros y dolorosos, que venían siendo naturalizados y no tratados como problemas graves de nuestra sociedad violenta. Sí, se debe. Porque la existencia de prácticas “solidarias” como parte de campañas electorales fueron expuestas. Como los “mercaditos sociales” de los Caponio, en los que algunos de sus seguidores ofrecían mercadería barata a cambio de afiliaciones a su partido político.

Hoy “Panorama Tucumano” cumple 100 emisiones aclarando que sí, debemos. Es nuestra obligación, de ciudadanos y comunicadores, saltar el cerco del “no”. Como en la obra de Alejandro Doria, la realidad se confunde con una comedia que busca esconder la bajeza humana y aparecer ante la sociedad como políticamente correctos. A voltear caretas.